Sonrisas y lágrimas
Hay victorias tristes, como la del Barcelona en Lisboa. La historia iba fenomenal hasta el minuto 76. En ese momento, a todos nos dolió el codo. La imagen de Puyol con el codo a la virulé dio grima. El capitán, paradigma del pundonor y la fe, entró como un avión a rematar un córner, como si esa pelota fuera la última de su vida. Era un córner, un simple córner. Y habrá quien piense que no hacía falta tanta intensidad con 0-2. Pero para Puyol siempre hace falta. Ésa es su grandeza. Va en su esencia, en su forma de ser. Tomó carrera desde lejos, recuerden aquel tanto ante Alemania en el Mundial de Sudáfrica, pero se enredó en el salto con un defensor y aterrizó apoyando todo su peso sobre su brazo izquierdo, que se le quedó literalmente del revés. Dislocado totalmente. Impactante.
Al Barça se le cambió radicalmente el gesto. Vilanova, Alexis, Cesc... Jugadores y cuerpo técnico: todos cariacontecidos. No era para menos. El central salía de una lesión y había vuelto otra vez antes de tiempo. No estará para el Clásico, circunstancia que obliga a acelerar el regreso de Piqué. Mala suerte la de un futbolista fundamental para el Barcelona.
El primer triunfo del Barça en el estadio Da Luz quedó desgraciadamente emborronado por el incidente del defensa. De hecho, a raíz del percance, el Barça, cómodo anteriormente con un buen fútbol, se agitó en demasía hasta el punto de que Busquets acabó expulsado por una presunta patada en el rostro de Maxi Pereira, rigurosísima la decisión del árbitro. Ganaron los catalanes, pero el peaje resultó excesivo.
Por lo demás, sigue pleno de puntos este Barça, líder en la Liga y en la Champions. Ayer dio mucha más sensación de entereza que en Sevilla, acaso por la presencia en el once del propio Puyol. El capitán concede otro aire al equipo, mental y físicamente.
Tiene el equipo azulgrana tantos registros que lleva dos partidos sin necesitar de los goles de Messi, más inspirado últimamente en su faceta de asistente. Ayer dio otros par, y acumula cuatro en dos partidos. Al margen de Cesc, enrachado, goleador de nuevo, reclamó especialmente la atención el enérgico Alexis, omnipresente, muy mejorado respecto a episodios anteriores. El chileno, incordio constante, estuvo en todas y, seco desde el pasado abril ante el Madrid, anotó en Lisboa su primer tanto del curso. Nada más empezar, remató en boca de gol un duro centro de Leo. Alexis, muchas veces caótico y acelerado, tiene un punto revolucionario que le viene genial a su equipo.
A pesar de su dominio, bien lanzado por Xavi y sujetado por Busquets, el Barça, con el once de gala exceptoIniesta y Piqué, nunca tuvo el partido cuesta abajo hasta la sentencia de Cesc a la vuelta del descanso: un zurdazo dentro del área a pase de Messi. Porque el Benfica salió con mucho gas y revoloteó por al área deValdés, que evitó el empate a disparo de Lima de la misma manera que Artur le sacó a Messi el 0-2. Alexisinsistió una y otra vez sin suerte, casi siempre a la espalda. Xavi le encontró y se la puso al pie desde muy lejos, pero a su disparo le sobró altura. Después, en el segundo acto, sucedió más o menos lo mismo, esta vez de zurdazo cruzado.
Iba todo rodado, todo fenomenal ya con Iniesta sobre el campo hasta que llegó la desgraciada acción dePuyol. Y de pronto las sonrisas se transformaron en lágrimas. Y los tres puntos en un escalofrío.
Al Barça se le cambió radicalmente el gesto. Vilanova, Alexis, Cesc... Jugadores y cuerpo técnico: todos cariacontecidos. No era para menos. El central salía de una lesión y había vuelto otra vez antes de tiempo. No estará para el Clásico, circunstancia que obliga a acelerar el regreso de Piqué. Mala suerte la de un futbolista fundamental para el Barcelona.
El primer triunfo del Barça en el estadio Da Luz quedó desgraciadamente emborronado por el incidente del defensa. De hecho, a raíz del percance, el Barça, cómodo anteriormente con un buen fútbol, se agitó en demasía hasta el punto de que Busquets acabó expulsado por una presunta patada en el rostro de Maxi Pereira, rigurosísima la decisión del árbitro. Ganaron los catalanes, pero el peaje resultó excesivo.
Por lo demás, sigue pleno de puntos este Barça, líder en la Liga y en la Champions. Ayer dio mucha más sensación de entereza que en Sevilla, acaso por la presencia en el once del propio Puyol. El capitán concede otro aire al equipo, mental y físicamente.
Tiene el equipo azulgrana tantos registros que lleva dos partidos sin necesitar de los goles de Messi, más inspirado últimamente en su faceta de asistente. Ayer dio otros par, y acumula cuatro en dos partidos. Al margen de Cesc, enrachado, goleador de nuevo, reclamó especialmente la atención el enérgico Alexis, omnipresente, muy mejorado respecto a episodios anteriores. El chileno, incordio constante, estuvo en todas y, seco desde el pasado abril ante el Madrid, anotó en Lisboa su primer tanto del curso. Nada más empezar, remató en boca de gol un duro centro de Leo. Alexis, muchas veces caótico y acelerado, tiene un punto revolucionario que le viene genial a su equipo.
A pesar de su dominio, bien lanzado por Xavi y sujetado por Busquets, el Barça, con el once de gala exceptoIniesta y Piqué, nunca tuvo el partido cuesta abajo hasta la sentencia de Cesc a la vuelta del descanso: un zurdazo dentro del área a pase de Messi. Porque el Benfica salió con mucho gas y revoloteó por al área deValdés, que evitó el empate a disparo de Lima de la misma manera que Artur le sacó a Messi el 0-2. Alexisinsistió una y otra vez sin suerte, casi siempre a la espalda. Xavi le encontró y se la puso al pie desde muy lejos, pero a su disparo le sobró altura. Después, en el segundo acto, sucedió más o menos lo mismo, esta vez de zurdazo cruzado.
Iba todo rodado, todo fenomenal ya con Iniesta sobre el campo hasta que llegó la desgraciada acción dePuyol. Y de pronto las sonrisas se transformaron en lágrimas. Y los tres puntos en un escalofrío.